miércoles, 4 de abril de 2012

The Viral Factor.


Era muy esperada “The Viral Factor”, la nueva película de Dante Lam después de que en los últimos años subiera un escalafón en la lista de directores de Hong Kong a los que ofrecer devoción después de ofrecernos muestras de acción policial tan sólidas como "Beast Stalker", "Fire of Conscience" o "The Stool Pigeon".
Reunido de nuevo junto al que se ha convertido en su actor fetiche Nicholas Tse y la megaestrella taiwanesa Jay Chou, que volvía al cine asiático tras su agridulce paréntesis norteamericano, la propuesta de Lam es simplemente explosiva, acción, acción y más acción. Esta es la producción más ambiciosa del director, y aunque la parte melodramática es excesivamente rebuscada, y no acaba de funcionar con la trama criminal, y el film en general se hace un tanto largo, la dirección de Lam hace que la película sea un espectáculo digno de ver.




Un equipo de agentes especiales tienen la misión de escoltar a un científico que ha creado un virus letal en Jordania. El equipo des asaltado, pero cuando están a punto de conseguir salir, uno de los miembros traiciona al equipo, y secuestra al científico, que es llevado hasta Malasia para desarrollar el virus para un grupo terrorista.
El líder del equipo de agentes recibe una bala en la cabeza, pero consigue sobrevivir, aunque por poco tiempo: no puede ser operado y apenas le dejan tres semanas de vida, con lo que intenta resolver sus problemas familiares y reencontrarse con su padre y su hermano, que se fueron de casa cuando el apenas era un niño. Los encuentra en Malasia, pero también descubre que su hermano ha llevado un vida criminal, y que ahora también esta involucrado en la busqueda del virus letal.




En sus últimas películas Dante Lam se ha especializado en ofrecernos las mejores versiones posibles del duelo entre héroe y villano, entre esas dos caras de la moneda en las que el destino llevan a los personajes a uno u otro bando; rizando el rizo en The Viral Factor esas dos caras son dos hermanos cuyos destinos les hacen llevar caminos totalmente opuestos por puro azar, igual que les hace reencontrarse en el momento definitivo.
Sin embargo esta vez el esquema no le funciona a Lam tan bien como en sus anteriores films, quizás por exagerar hasta el extremo todo, tanto la acción, en la que su estilo inapelable y nuestro gusto por el puro espectáculo visual hace que le perdonemos cualquier fantasmada, como el melodrama familiar. Seguramente una exageración haga incompatible la otra, y la mezcla de acción descerebrada no cuaje con el melodrama lacrimógeno y viceversa; no me ha emocionado que Jay Chou se pasee por el film con una bala incrustada en el cerebro y su reencuentro familiar, después de verle pelear y disparar como un poseso.




Eso si, como puro espectáculo el film es único, todo un carrusel de acción non stop espectacular, con peleas, más balas de las que podamos contar y persecuciones de todo tipo, desde la persecución en coche por un centro comercial hasta la huida en la estación de tren, donde veo al Lam que más me gusta, el de la persecución por callejones en que el perseguido intenta engañar a su perseguidor.
Casi toda la película esta ambientada en Kuala Lumpur, aunque no hay que perder de vista la alucinante escena inicial, rodada en Jordania.
Impresionante de nuevo el trabajo de fotografía de Tse Chung-to, colaborador habitual del director en sus últimos films, y que llena de crudeza cada fotograma.

¿Y el Virus? Pues un mcguffin que lleva a nuestros personajes en una carrera continua, de un lado para otro, y que hace entrar a personajes secundarios como la propia doctora que es también secuestrada para llevar a cabo la vacuna de ese virus – porque ese es en realidad el negocio de los terroristas, difundir el virus para hacerse millonarios vendiendo la vacuna-, así como el matón y jefes mafiosos, que pelean por el título de “villano oficial de la película” con el soldado traidor interpretado por Andy On.
En general toda esa trama acaba resultando un tanto insulsa y puro relleno, ya que lo que realmente importa es la carrera contra reloj por hacerse con el virus y su vacuna, y la relación forzada entre los hermanos.


Desde luego no son dos interpretaciones para recordar, pero Jay Chou hace un trabajo correcto como Jon, el hijo pródigo al que le quedan tres semanas de vida, y Nicholas Tse reparte su carisma habitual como Yeung, el tatuado criminal que une fuerzas con su recién reencontrado hermano. El resto de personajes son realmente puro relleno, pero cabe destacara el trabajo de Andy On, que como siempre aporta su fuerza y su carisma.

En resumen, Lam ha conseguido su mayor espectáculo del cine de acción, pero por el camino se queda el drama familiar y la inevitable trama conspiratoria. Lo mejor, hacernos con un buen bol de palomitas y dejarnos llevar por las persecuciones en helicóptero, tiroteos, emboscadas y carreras, algo en lo que nadie parece ser capaz de hacer sombra a Dante Lam en Hong Kong, y si me apuráis en Hollywood.


6´5 de 10

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