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martes, 12 de noviembre de 2013

Sitges 2013: The wind rises (Kaze Tachinu).

 Desde el estreno de "El viaje de Chihiro" y su consecuente triunfo internacional, cada nueva película de Hayao Miyazaki se ha celebrado como lo que es, un acontecimiento global del mundo del cine. Sin duda uno de los directores de animación más importantes de la historia, el maestro de Studio Ghibli nos anunciaba hace unos meses que su última película, "Kaze Tachinu" (o "The wind rises" como título internacional) sería su despedida del mundo de la dirección.

No es la primera vez -ni la segunda- que Miyazaki nos amenaza con retirarse, pero esta vez, teniendo en cuenta el tipo de film que es "Kaze Tachinu", su historia, su personaje protagonista, o lo que transmite al espectador, la convertiría en el final demoledor y perfecto a su carrera.
Ojalá se retracte y vuelva una vez más con un nuevo proyecto, pero si no lo hace "Kaze Tachinu" se convertirá posiblemente en el broche de oro que podemos entender como el film más personal de toda su carrera.

Es imposible no emparentar la historia que nos cuenta, por mucho que esté basada en la de un personaje real, con la del propio Miyazaki. Un soñador, fumador compulsivo, obsesionado por la aviación pero sobretodo por ir más allá, por superarse, por conseguir la creación más bella y perfecta posible.
"Kaze tachinu" es la película de Ghibli que aburrirá a nuestros hijos (y quizás a alguno de nosotros), de las pocas del catálogo del estudio que no querrán ver. Pero también el testimonio de un creador inquebrantable.

La película sigue la vida de Jiro Horikoshi, desde que siendo un niño fascinado por los aviones pasa los ratos estudiando para ser ingeniero, mientras sueña con encontrarse con Giovanni Caproni, el ingeniero aeronáutico italiano más famoso del primer cuarto del siglo XX.
Le acompañamos mientras se traslada a Tokyo, donde además de estudiar en la universidad, ayuda a una joven en el gran terremoto de Kanto.
Y le seguimos cuando comienza sus prácticas en Mitsubishi, la compañía para la que diseñaría aviones, ganándose el reconocimiento de todos, mientras en su vida personal se reencuentra con aquella joven niña a la que ayudó, ahora una mujer de la que se enamora perdidamente.

"Kaze Tachinu" es seguramente el film más pensado en el público adulto que haya producido Ghibli. Tanto la historia, como el contexto histórico de la película, como su narrativa, lenta, repetitiva, reflejando la obsesión del protagonista, hará salir corriendo a cualquier crío. Esta es sin embargo como decía probablemente de las películas más interesantes de Miyazaki -y eso es mucho decir- por ese mensaje desde la experiencia de la vida de un creador, un visionario, y también de la lectura entre líneas que nos puede emparejar al director y al protagonista de la película.

Bien entrada la película, en el grueso del film que nos situa ya en la versión adulta del personaje, vemos a Horikoshi fumando cigarrillo tras cigarrillo -hacía tiempo que no veía fumar tanto en una película moderna-, discutiendo con sus compañeros ingenieros sobre si es mejor añadir al fuselaje tornillos de cabeza plana o remaches, si tal engranaje funcionaría mejor en el alerón, si tal motor alemán es una bestia a la que han de estudiar como sea. En definitiva: casi un documental del día a día de un loco de la ingeniería aeronáutica, de su búsqueda de la innovación, dentro de un momento mundial de avance tecnológico..
Se puede ver como un aburrimiento de tomo y lomo -dudo que a la mayoría del público le interesen los misterios de la aeronáutica de los años 30-, o se puede ver como el reflejo de la obsesión, de la pasión por el trabajo por encima de todo, ya sea del amor, de la familia y de la vida.

No quiero decir con todo eso que la película no se sienta Ghibli: más allá del obvio diseño de personajes y escenarios, además de esa música de Joe Hisaishi, es especialmente en las escenas de las ensoñaciones del joven o adulto Jiro, con la imaginación desbordando la pantalla como tantas veces hemos visto, o en los momentos de complicidad entre Jiro y su amada Naoko, cuando la película desborda esas emociones tan recurrentes en la filmografía del estudio.

 Dentro del mensaje triste y melancólico que guarda la película, el de las oportunidades irremediablemente perdidas a lo largo de la vida, en este caso el disfrute de la vida personal a cambio de la excelencia en el objetivo del protagonista, se repite como un aviso a navegantes el poema que da título a la película, y que conecta por primera vez a Jiro y Naoko: "El viento se levanta... hay que tratar de vivir". 
El mensaje puede ser vitalista, pero a diferencia de otras veces, desde un tono sombrío, algo que se podría relacionar con el Japón post-Tohoku.

Parte integral de la construcción del personaje protagonista lo tiene su voz: Hideaki Anno (el mismísimo creador y director de Neon Genesis Evangelion) hace un trabajo sensacional dando un añadido melancólico, casi trágico, con su tono de voz. No es que Anno no haya tenido experiencia como actor, ha tenido varios pequeños papeles en producciones de lo más variado, pero nada remotamente parecido en la escala de importancia con poner voz al personaje protagonista de un film de Miyazaki. 

La banda sonora juega de nuevo un papel capital en el desborde de emociones: Joe Hisaishi vuelve a poner la partitura, con un precioso y triste tema central (que se traduciría por "Viaje") que se repite una y otra vez con diferentes versiones en cada etapa del protagonista.
Además la película contiene algunas composiciones que nos sitúan en la época, sobretodo canciones alemanas de los años 30, y un emocionante tema para los créditos finales compuesto por la cantante Yumi Matsutoya, que curiosamente anunciaba en los años 80 los coches Mitsubishi.
Quiero destacar que por alguna razón el sonido de la película (incluyendo los efectos de sonido de los aviones, que parecen hechos por personas con la boca, nada de grabaciones de motores y demás) no está mezclado como sonido envolvente.

El sentimiento antibelicista que le ha ganado algunas calificaciones de "antipatriótico" a Miyazaki en Japón, está claramente implícito en varios puntos del film, desde el punto de vista del protagonista: el diseñador de los "Zero", los aviones de combate japoneses de la segunda guerra mundial, no busca en absoluto el crear un arma de destrucción.

Si esta es realmente la despedida, Hayao Miyazaki se nos va con una obra maestra llena de tristeza y melancolía, un "Ganbare!!" con lágrimas en los ojos. 
Esperemos que se lo repiense.

9,5 de 10

viernes, 8 de noviembre de 2013

The Berlin file.

Hoy llega a algunos cines españoles este espectacular y trepidante thriller de espías, por ello re-subimos la reseña.
Después de una carrera en la que predominaba el cine de acción de ritmo trepidante, el infravalorado Ryu Seung-wan se nos puso bastante más serio con “The Unjust”, un thriller policíaco-judicial cargado de crítica a los estamentos gubernamentales y judiciales surcoreanos.
En esa misma línea estrenaba este año “The Berlin file”, su film más exitoso hasta la fecha, y una de las películas más vistas del año en Corea del Sur. Este es un complejo thriller de espionaje de aire internacional, más allá de su rodaje en la capital alemana, que significa un nuevo paso adelante en la carrera del director.  A pesar de tener una trama excesivamente enrevesada, su ritmo implacable, una puesta en escena espléndida, y unas interpretaciones de primera línea, la convierten fácilmente en uno de los mejores títulos surcoreanos del año.

Un negocio de venta de armas entre un agente norcoreano en Berlin y un terrorista árabe se ve frustrado por otro servicio secreto. El gobierno norcoreano cree que hay una fuga de información, así que mandan a uno de sus agentes a limpiar la embajada en la capital alemana. Allí reciben la noticia el embajador, y el agente norcoreano cuya transacción salió mal, cuya esposa trabaja como intérprete en la embajada.
Todos temerán por sus vidas, entrando en un juego en el que se verá implicado el servicio secreto surcoreano, al tanto de los movimientos de los agentes del Norte.

Después de un inicio absolutamente demoledor, “The Berlin file” nos adentra en un juego de espionaje y contraespionaje, en el que no solo se ven envueltas las dos coreas, sino varios servicios secretos de otros países. 
La sorpresa no esperada es que los protagonistas no son los agentes surcoreanos, intentando eliminar a los agentes del norte, sino estos últimos, intentando salvar sus vidas estando atrapados entre dos fuegos: no solo son perseguidos por los agentes del Sur, sino también por sus propios camaradas.

Un gran acierto del guión de Ryu Seung-wan es no juzgar a ninguno de sus personajes por su procedencia; aquí no hay buenos y malos, sino un montón de grises, cada uno bajo la lealtad de los colores de su bandera sea cual sea, o de su bolsillo, capaces de cualquier cosa con tal de cumplir, salvar el cuello, y si es posible sacar algo por el camino.

La historia se mueve con gran dinamismo, con cada giro de guión dándole una vuelta más de tuerca a la situación, llevando a los personajes al límite. El problema es que ese juego del gato y el ratón multitudinario se complica a cada paso, resultando un tanto confuso en algunos momentos.

Uno de los atractivos más rotundos de su película, además del ritmo imparable, son las numerosas escenas de acción donde el director vuelve a demostrar su talento; Ryu Seung-wan domina las distancias cortas como nadie, pero esta vez dentro de los muchos momentos destacables, me quedo con un tiroteo en la fachada de un patio interior de un edificio, que se lleva la palma por su espectacularidad.

El reparto es simplemente fantástico, y llena de intensidad a sus personajes. Destacan por supuesto Ha Jung-woo (Nameless gangster) en un nuevo papel sensacional, repartiendo carisma en un papel remotamente similar al de “The Yellow sea”, o una afeada Gianna Jun (The thieves), con un personaje más contenido pero que poco a poco va ganando en fuerza. La situación de la propia pareja, en plena crisis personal, también juega un papel importante en el desarrollo de los acontecimientos.
Ryu Seung-beom (Arahan) interpreta al asesino enviado por el Norte en un papel que le va como anillo al dedo, permitiéndole esos excesos tan suyos, y Lee Geung-young (26 years) aporta esa seriedad a su parte como el embajador norcoreano.

Pero si hay una interpretación con la que me quedo es con la de Han Suk-kyu (President´s last bang), absolutamente memorable como el veterano agente surcoreano, al que sus jefes vapulean y el trepa de turno le quiere robar el mérito, un viejo rockero que entiende el espionaje como una profesión de riesgo en la que la honorabilidad es indiscutible. 
Con una carrera llena de grandes clásicos modernos del cine surcoreano (desde “Navidades en Agosto” a “Shiri”), su presencia en la gran pantalla había menguado considerablemente en los últimos años. Espero que con esta nueva demostración de fuerza y personalidad pueda retomar su pulso de la anterior década.

Dice Ryu Seung-wan que la película se iba a llamar simplemente “Berlin” (de hecho, ese es su título original en coreano), pero que Park Chan-wook le comentó que quedaba corto y le añadiera cualquier coletilla al nombre, así que le puso lo del “archivo” y se convirtió en “The Berlin file”.  Es una buena metáfora para una película en que la historia es un gran McGuffin que sirve para mostrar los juegos de lealtades y deslealtades de unos personajes en una carrera contrarreloj para salvar sus vidas, y cuya lectura política queda por debajo del puro espectáculo y la adrenalina, aunque también se guarde un par de puñetazos al estómago. 
Por mi parte va directa a la lista de lo mejor del año, siendo posiblemente la mejor  película de su director. Y eso es mucho.

8,5 de 10

jueves, 7 de noviembre de 2013

Sitges 2013: Fatal


Dos de las películas surcoreanas que pasaron por Sitges en esta edición, tenían a la religión católica como parte integral de la historia. Por un lado la excelente cinta de animación "The Fake", que ya reseñamos, en la que la fe religiosa de los más desfavorecidos era aprovechada por una banda de farsantes. Por otro la que hoy nos ocupa, "Fatal", un drama independiente que nos lleva al camino de redención de un joven al que la culpa le ha dejado un a marca indeleble para el resto de sus días.
Cercana al estilo de películas como "Journals of Musan", otro título indie con la comunidad católica jugando un papel fundamental en  el devenir de la historia, este es un drama duro, que como sucedía con "Azooma" (otro de los títulos coreanos en Sitges) tiene sus puntos de género, con la violencia tomando las riendas.

Un grupo de jóvenes estudiantes realizan una violación en grupo a otra alumna del instituto, que sedada no puede poner oposición a la vileza de los chavales.
Años después, y con la culpa por haber participado en la violación martirizándole, el chico más inocente del grupo, intenta encontrar la paz y la redención acudiendo a una iglesia.
Allí sin embargo se reencontrará con la joven víctima, ahora una mujer que vive sola, con el proselitismo y el rezo como devoción. Ella no le reconoce, así que él intenta entrar en su vida para expiar sus pecados.

Un año más un buen número de títulos independientes surcoreanos han llamado la atención en los festivales internacionales, aportando nuevo talento y un puñado de films interesantes. "Pluto", "Jiseul" y "Fatal" son algunos de ellos, títulos que normalmente se estrenan en Corea en pocas salas (aunque "Jiseul" si funcionó bien en taquilla), y que nos sirven como carta de presentación del talento que despuntará en los próximos años en la producción surcoreana.

"Fatal" del debutante Lee Don-ku, que vino a Sitges a presentar el film, funciona como drama en que la redención es el bien más ansiado del protagonista, ese joven inocentón que en sus días de adolescente fue forzado por sus compañeros a participar en la violación. Rodada con un presupuesto irrisorio, salva la escasez de producción con una dirección de lo más correcta (que no se salva de puntos con cierto aire a proyecto de escuela), quizás con un ritmo que puede resultar algo tedioso, pero creando sobretodo algunos momentos de complicidad y de intensidad interesantes.

El punto de vista de la historia es en este caso la del culpable, que se intenta autojustificar diciendo que él en realidad no llegó a violar a la chica, culpándose además por no haber detenido todo llamando a alguien. Es el único de los cuatro personajes masculinos que no solo recuerda lo sucedido, sino que le dejó marcado siendo incapaz de seguir con una vida normal, a diferencia de los otros chicos del grupo.
El personaje al que da vida de manera excelente Nam Yeon-woo es de personalidad manejable y pusilánime, casi un atontado por el que sentir más pena que otra cosa , y solo el reencuentro con la joven, y ver que aquel acto destrozó su vida, le hace ponerse realmente en marcha.

El personaje femenino es muy interesante, además de estar brillantemente interpretado por Yang Jo-a, una actriz de poco bagaje cinematográfico pero que llena de esa carga emocional a su personaje.
Poco a poco y desde la cotidianidad vamos descubriendo que fue de esa chica, que ahora trabaja en una cafetería y parece llevar una vida más o menos tranquila, pero que guarda un poso de dolor interior inmenso. Cuando por fin rompe la coraza que se ha tenido que crear para salir adelante, y realmente vemos lo que lleva dentro, logra sin duda el mejor momento de la película.

Como decía al principio, la violencia, al igual que en "Azooma", hace acto de presencia cuando uno menos se lo espera, quizás de manera un tanto forzada aunque sirva como salida de la historia. Personalmente no me convenció demasiado, aunque puede encajar en el comportamiento de los personajes.

Por muchos motivos distintos no llega a la brillantez de otros debuts del cine independiente de los últimos años, pero sin duda apostamos por Lee Don-ku como el nombre de otro director a seguir en el panorama surcoreano. Esperemos que pueda rodar un nuevo film bien pronto, y si puede ser con más presupuesto y una historia igual de interesante que esta.

7 de 10

jueves, 17 de octubre de 2013

Sitges 2013: Why don´t you play in hell?

Tras dos dramas llenos de emoción, "Himizu" y "Land of Hope", Sion Sono vuelve con uno de sus trabajos más gamberros, todo un homenaje nostálgico al cine, y en especial a las películas de yakuzas de los años 70, eso si,  unido a la comedia más loca y los espectáculos splatter de las cintas de Sushi Typhoon, en una historia que es puro despiporre. Sin dudad esta es su película más divertida (por lo menos de lo que hemos podido ver en su era post-Suicide club), y más loca -lo del kung-fu pantsu shot de "Love Exposure" se queda en anécdota al lado de este festival-, manteniendo su sello inconfundible.

La guerra entre dos clanes yakuza termina con la mujer de uno de los jefes en la cárcel tras terminar a cuchillazos con varios secuaces enemigos, y con el otro jefe muerto. El nuevo líder del otro clan propone a su rival una tregua, que dura más de diez años.
Cuando la esposa encarcelada del jefe yakuza está a punto de cumplir condena y salir, este se encuentra entre la espada y la pared: durante los últimos meses le dijo a su esposa que su hija, un joven talento que perdió sus contratos publicitarios tras la encarcelación de la madre, estaba rodando una película como protagonista. Ahora deberá encontrar un equipo de rodaje para cumplir lo dicho, y también a su propia hija, que se ha escapado con su nuevo novio.

 
Homenaje y a la vez parodia: "Why don´t you play in hell?" es una loquísima comedia cargada de referencias al cine Yakuza de los 70, para nada escondidas desde la fanfarria inicial de "Battles without honor and humanity" o la mención a los grandes actores del género como Ken Takakura o Bunta Sugawara, que se mueve entre la burla al jingi, el código ético, o las actitudes y vestimentas de los mafiosos, y la reverencia al cine (y a los cines) de la época.
La película sigue por un lado a esa guerra yakuza, y por otro a un grupo de chalados cineastas, encabezado por un megalómano director de medio pelo, que siguen esperando desde sus días de adolescencia en que grababan peleas callejeras en Super 8, su oportunidad para rodar un gran proyecto. Por supuesto el destino les une a ese jefe yakuza necesitado de alguien que sepa rodar, y a partir de ahí el caos se multiplica.

Los acontecimientos nos llevan de situación ridícula a situación más ridícula como una bola de nieve cayendo por la montaña, y el ritmo de la película va subiendo de manera exponencial acompañado con esos ritmos repetitivos a los que nos tiene acostumbrados Sono. Eso hasta que nos adentra en el rush final, un festival sangriento de brazos cortados y cabezas volantes, rodado como puro cartoon.

El homenaje al cine yakuza no se queda en las referencias de la película y el puro jitsuroku  (ese cine yakuza de los 70 rodado con el mayor realismo posible) de la historia, sino que Sono pone de su parte en la dirección, imitando el estilo de los Fukasaku o Nakajima, con esos encuadres en que todo el clan está perfectamente situado en su posición, o el montaje en que cambiamos de secuencia de manera lateral, por no hablar de las secuencias de acción.

 
En la parte del reparto hay tres sorpresas muy agradables. Además de los siempre sensacionales Jun Kunimura y Shinichi Tsutsumi como jefes yakuza, dos actores imponentes perfectamente elegidos para sus papeles respectivos (Kunimura es un tipo duro, un yakuza sin remordimientos; Tsutsumi un tipo peculiar obsesionado por que su gente vista ropa japonesa y obsesionado con la hija de su rival),  nos encontramos con una Fumi Nikaido espectacular, derrochando carisma y sensualidad como nunca. Su personaje es una niñata malcarada que rápidamente nos gana con su estilo macarra.

La segunda sorpresa viene de parte de Hiroki Hasegawa, que interpreta de manera sensacional al megalómano director de cine de tres al cuarto. Los que le hemos visto en J-dramas como "Kaseifu no Mita" ya sabemos de su tendencia al exceso expresivo; teniendo en cuenta que su personaje es puro derroche, exageración, la elección de casting es perfecta y Hasegawa se lleva de largo los momentos más divertidos de la película... por lo menos hasta la sorpresa número tres: un recuperado Tak Sakaguchi en el papel de su vida, literalmente, ya que interpreta a un adolescente pandillero que es reclutado por el chalado director. 
Ver a Tak Sakaguchi enfundado en un mono amarillo calcado al de Bruce Lee, y golpeando a diestro y siniestro con sus nunchakus, no tiene precio.

 
En resumen, no creo que la película vaya a decepcionar demasiado a los seguidores del lado más salvaje de Sion Sono, aunque no busque las cargas de profundidad de algunos de sus otros títulos. Esto es pura diversión y homenaje con un tono mucho más ligero, podríamos decir que es la mejor película de Sushi Typhoon sin pertenecer al ya desaparecido sello de la Nikkatsu.

Preparad las palomitas, porque la diversión está asegurada. Y también un chubasquero para las salpicaduras de sangre.  

8,5 de 10

viernes, 19 de julio de 2013

Key of life.


Lo más seguro es que el nombre de Kenji Uchida no os suene en absoluto: lo mismo podría ser el nombre de un mangaka, que el de un jugador de béisbol, que simplemente la fusión de nombre y apellido de origen japonés de lo más común. 
Sin embargo Kenji Uchida es uno de los directores nipones que, a pesar de contar solo con tres películas estrenadas en los últimos ocho años, más alegría nos produce reencontrar.
Sus tres películas, “A stranger of mine”, “After School” y esta “Key of life”, un poco al estilo de comedias locas -aunque no tan locas- de Koki Mitani, constan de poquitos personajes que entrecruzan sus destinos, dando lugar a situaciones divertidas a través de los equívocos a los que les llevan sus personalidades.

El director vuelve a acertar en el centro de la diana repitiendo su esquema habitual en su nuevo film, estrenado el año pasado, en el que, con un trío protagonista de mayor renombre que los de sus anteriores trabajos, consiguió un buen resultado en taquilla además de llevarse algunos premios por el camino, dos de ellos para su excelente guión. 
Esta es pues otra comedia de enredo en la que tomar con buen sentido del humor el carácter japonés, a través de tres personajes muy diferentes que cruzarán sus caminos de la manera más inesperada.

Sakurai, un aspirante a actor sin suerte, intenta suicidarse en casa, pero la cosa sale mal y no lo consigue. Frustrado, decide irse a un baño público. Allí presencia como otro de los clientes del local, del que se fijó que parecía bastante rico mientras guardaba su ropa, resbala con una pastilla de jabón, dándose un buen golpe que le hace perder el conocimiento.
Mientras las asistencias se llevan al accidentado, Sakurai le cambia la llave del casillero; cuando lo abre descubre, además de un buen traje, que la cartera esta llena de dinero, además de las llaves de un coche aparcado en la puerta. 
Por otro lado Kondo, un frío asesino a sueldo, se dirige a deshacerse del cuerpo de su última víctima , que lleva en el maletero, pero en pleno atasco descubre que se ha manchado de sangre. Así se dirige a un baño público, donde, después de guardar su ropa, resbala con una pastilla de jabón, dándose un golpe que le deja primero inconsciente, y luego amnésico.
A la salida del hospital cruza su camino con Mizushima, una diligente redactora jefe de una revista, que lleva una vida milimetrada. En busca de un hombre con el que casarse en la fecha que se ha autoimpuesto, percibe en el aturdido  Kondo un posible candidato a marido, con lo que le ayuda a encontrar la dirección que busca.

...y ahí tenéis la confusión de identidades, el actor desgraciado encuentra una opción de saldar deudas, aunque poco le durará la alegría, y el asesino a sueldo se comenzará a amoldar a su nueva vida, a la que le va cogiendo el gusto aunque muchas cosas no le cuadren. 
Kenji Uchida vuelve a partir de un guión excelente, que combina la comedia de situación en un puzzle que desbarata en los primeros minutos, para ir uniendo las piezas según avanza el metraje. Al final como siempre todas las piezas le encajan perfectamente, dejando dos horas de comedia fina, de la de dejarnos una sonrisa durante unas cuantas horas, con un cierto mensaje en su fábula.

Como decía al principio esta vez cuenta con un trío de actores de más renombre que los de sus dos anteriores trabajos, y aunque repite con Masato Sakai (Golden Slumber) en un casting estupendo como el actor desdichado, Uchida cuenta con Ryoko Hirosue (Despedidas) como la centradísima mujer que se autoimpone una fecha para casarse, y el gran Teruyuki Kagawa, espléndido en su casi doble papel, el de el asesino implacable reconvertido en tímido actor desorientado. 
El trío protagonista sabe sacar jugo a sus personajes, acertando con el tono en todo momento. En los poquitos papeles secundarios nos encontramos con el siempre gracioso YosiYosi Arakawa (Kamikaze Girls), como un jefe mafioso, y Yoko Moriguchi (Rebirth), como la ex-amante de la víctima de Kondo, el asesino.

A nivel de dirección la película no solo cumple de sobras, sino que Uchida acierta al buscar algunas maneras divertidas o poco convencionales en la planificación de escenas, añadiendo humor ya no solo por lo que sucede, sino también por como lo vemos.

Ïgual que sus dos anteriores trabajos, “Key of life” seguramente volverá a pasar desapercibida entre la marea de estrenos de directores de renombre, pero desde luego recomendamos que la busquéis si lo que queréis es pasar un par de horas de lo más divertidas.

8´5 de 10

martes, 16 de julio de 2013

Akira, 25 aniversario de su estreno en Japón.


“Neo-Tokyo está a punto de E-X-P-L-O-T-A-R”. Ese era el eslogan del poster, en el que un chaval con una especie de lanzamisiles futurista enorme aparecía por delante de una metropolis. Tras verlo en una revista de cine allá por 1992, sabía que tenía que ver ese film, y la película (que había pasado por el Festival de Sitges del año anterior) no tardaría mucho en llegar hasta el cine de mi barrio en el mes de Julio.
No es que tenga una gran memoria (más bien lo contrario), sino que gracias a la hemeroteca virtual de La Vanguardia he podido averiguar la fecha concreta en que vi “Akira”: el 17 de Julio de 1992, una semana antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona y casi cuatro años justos después de su estreno original en Japón. La sesión fue muy especial, mi cerebro quedó frito y seguramente fue algo parecido a lo que debieron sentir los espectadores en el estreno de “2001” de Kubrick. No había visto nada igual a aquel festival de luces, explosiones y sci-fi metafísica.

Hoy, 16 de Julio de 2013, se cumple el 25 aniversario del estreno en Japón de “Akira”, el 16 de Julio de 1988, sin mucha discusión no solo uno de los títulos más influyentes del mundo de la animación, sino posiblemente del cine moderno. Katsuhiro Otomo adaptaba a la gran pantalla su propio manga, por entonces aún inacabado, sintetizando esas más de 2000 páginas de su obra en las dos horas de animación más electrizante que se hubieran visto hasta el momento.

Un auténtico cóctel molotov de animación hiperrealista, lleno de ciencia ficción metafísica, bandas de moteros, un gobierno opresivo y lleno de secretos, drogas, acción explosiva (todo lo que puede explotar, efectivamente explota), y dos personajes, Kaneda y Tetsuo, destinados a enfrentarse.

La película comienza situándonos 38 años después de la tercera guerra mundial, mostrándonos la explosión que arrasó Tokyo, que sirvió como espoleta del conflicto. Las siguientes imágenes nos llevan a una pelea entre dos bandas de moteros, la liderada por Kaneda y la de los Payasos, en un Neo-Tokyo hipermoderno pero por lo que podemos comprobar de sociedad polarizada, en que la pobreza está en las calles. Tetsuo, el amigo de la infancia de Kaneda, siempre a su sombra, choca contra un extraño crío de pinta envejecida y piel azulada. El ejército, que aparece antes de que se den cuenta, se lleva tanto a ese crío como a Tetsuo, que quedará cambiado para siempre.
A partir de ahí descubriremos como un grupo revolucionario, con los que se aliará Kaneda en busca de su amigo, intenta indagar en los experimentos que realizó el gobierno, llevándonos a una aventura de proporciones épicas.

Las diferencias con el manga son muchas, algo lógico por tener que sintetizar esas más de 2000 páginas en las que no paran de pasar cosas, en apenas dos horas. Otomo optó por, primero, aligerar acontecimientos cambiando las situaciones, inventando un comienzo muy dinámico, en el que en apenas diez minutos ya nos ha puesto más que en situación, y utilizando algunos elementos que aparece en un contexto, en otras escenas. Para tratarse de todo un encaje de bolillos la película resulta una especie de versión ligera (en volumen) del manga, que termina encajando bastante bien.
Segundo, recortando personajes: el coronel adquiere un papel mucho más unidimensional, apenas aparece el líder de la banda de los payasos, o sobretodo a la líder de la secta Lady Miyako, que en el manga tiene un papel crucial. A otros simplemente los elimina completamente.

Y es que las diferencias son muchas, pero la esencia es la misma, o por lo menos muy parecida, dejando quizás algo más desconcertado al espectador que al lector. El primer visionado de la película es seguramente menos claro que una primera lectura del manga, comenzando porque –SPOILER- Akira apenas aparece físicamente a pesar de estar constantemente en boca de los personajes, convirtiéndose casi en el “Rosebud” del mundo del anime. La historia se mantiene en esa creación de un superhombre, esa búsqueda de la evolución humana, algo que termina por supuesto –SPOILER OTRA VEZ- con la destrucción total de individuo.

Además de ese aspecto metafísico de la historia, no es solo fascinante el uso de la tecnología y su actitud cyberpunk, sino también de los poderes sobrehumanos que despiertan en Tetsuo; cuando se estrenó el film comercialmente en España, en 1992, ya habíamos visto “Dragon Ball” y las ondas de poder, pero esto era desde luego otra cosa: aquí la destrucción era masiva y las muertes más sangrientas todavía. Es como si Tetsuo fuera un guerrero Super Saiyan para mayores de 18 años.

25 años después de su estreno “Akira” se ha convertido en una obra atemporal, que mantiene toda su fuerza y creatividad, que sigue presentándose adelantada a su tiempo. Visualmente sigue siendo un prodigio, todo el cuidado que puso Otomo en las técnicas usadas en la producción de la película sigue pagando réditos, y su imaginario se ha convertido en icónico: esas explosiones atómicas que luego han sido copiadas mil veces; las estelas de las luces de las motos, casi como si fueran las de Tron; Kaneda y Tetsuo gritandose los nombres, disparando el láser; la moto de Kaneda, la primera transformación de Tetsuo, con su brazo ciborg; su segunda transformación, gigantesca masa de carne y cables y hormigón, y todo lo que hay a su alrededor.

“Akira” abrió el camino al anime en occidente, marcando a toda una generación con historias sin concesiones que desde luego no eran para niños. Probablemente su papel fue clave en que dejáramos de hablar de “dibujos animados” y hacerlo de “animación”, como si le llegara la edad adulta a un género que parecía hasta entonces destinado casi por completo a los más pequeños.

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