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martes, 26 de noviembre de 2013

A Chorus of Angels

"A chorus of angels" fue una de las películas más galardonadas de Japón en el 2012, una adaptación de nuevo de una novela de Kanae Minato (Confessions) que es un excelente drama con estructura detectivesca sobre sueños y vidas rotas, la familia, la amistad, la culpa y el arrepentimiento, en donde todos los personajes tiene un lado oscuro y un secreto que temen mostrar, aunque eso les lleve a ser infelices. 

Como en anteriores adaptaciones de la autora estamos ante una historia de pasado sombrío a descubrir y de personajes torturados por ello, y es que aunque la obra de la autora es catalogada como suspense, por lo menos esta película se centra más en la psique interna de todos lo relacionados con el caso, los personajes y sus consecuencias. 

Una antigua profesora, Haru, que fue despedida de su trabajo en una pequeña isla en circunstancias extrañas, recibe la visita de la policía para preguntar acerca de uno de sus antiguos alumnos, Nobuto Suzuki, ya que está involucrado en un asesinato y está siendo investigado como posible culpable.
Haru decide averiguar que ha pasado, como es posible que su ex-alumno haya podido cometer tal crimen, y por ello para averiguarlo volverá a Hokkaido 20 años después, visitando a sus otros ex-alumnos descubriendo así como es la vida de estos en el presente, como adultos.

En el curso de este viaje al pasado, nos enteramos de que Haru se preocupaba mucho por sus estudiantes, con sus diversos problemas y discapacidades, especialmente Nobuto, un tartamudo sin padres. Pero también de que un accidente trajo la desgracia y provocó un trauma no solo a la profesora, sino a los jóvenes estudiantes, que crecieron alienados y con una profunda herida en sus corazones.

Esta película, que se produjo para conmemorar el 60 aniversario de una de las ilustres productoras japonesas, la Toei, destaca ademas de por su guión, por las interpretaciones de su excepcional reparto, unas actuaciones muy poderosas llenas de dramatismo. 

Sayuri Yoshinaga, que tiene una destacable y longeva carrera cinematográfica (desde algunos "Tora-san" a "Las hermanas Makioka"), es la encargada de protagonizar esta película junto a un buen numero de notables jóvenes actores, algunos de los mejores valores de las recientes generaciones: Mirai Moriyama, Ryuhei Matsuda, Hikari Mitsushima, Eiko Koike, Ryo Katsuji y Aoi Miyazaki. 
La protagonista, al igual que los demás personajes de la historia, interpreta un personaje torturado por los remordimientos y la culpa, y es que en el pasado tomó decisiones que causaron infelicidad a quienes le rodearon, decisiones que no son juzgadas, no son erróneas ni correctas, pero si que cambiaran su vida para bien y para mal.
Así va visitando a sus alumnos uno tras otro, rellenando poco a poco el puzzle del pasado, más que el del propio caso que lleva allí a la protagonista.

En el aspecto técnico la película es impecable, la banda sonora inquietante, la edición con continuos flashbacks, la fotografía del casi glaciar Hokkaido... los paisajes, la pequeña isla donde se desarrolla la historia, se convierte en un protagonista más, aportando tragedia y recuerdos nostálgicos a la vida de nuestros protagonistas.

"A Chorus of Angels" no es la obra maestra memorable que hace unos años  fue "Confesssions", su historia es más esperanzadora y menos sádica, pero no llega a tal categoría posiblemente por la falta de algo más de personalidad en la dirección de Junji Sakamoto (KT, Children of the dark), que aunque elegante y técnicamente notable es demasiado convencional.
En cualquier caso si que es una gran y recomendable película, una de las mejores películas que hemos podido ver este año. 


Puntuación 8/10

martes, 12 de noviembre de 2013

Sitges 2013: The wind rises (Kaze Tachinu).

 Desde el estreno de "El viaje de Chihiro" y su consecuente triunfo internacional, cada nueva película de Hayao Miyazaki se ha celebrado como lo que es, un acontecimiento global del mundo del cine. Sin duda uno de los directores de animación más importantes de la historia, el maestro de Studio Ghibli nos anunciaba hace unos meses que su última película, "Kaze Tachinu" (o "The wind rises" como título internacional) sería su despedida del mundo de la dirección.

No es la primera vez -ni la segunda- que Miyazaki nos amenaza con retirarse, pero esta vez, teniendo en cuenta el tipo de film que es "Kaze Tachinu", su historia, su personaje protagonista, o lo que transmite al espectador, la convertiría en el final demoledor y perfecto a su carrera.
Ojalá se retracte y vuelva una vez más con un nuevo proyecto, pero si no lo hace "Kaze Tachinu" se convertirá posiblemente en el broche de oro que podemos entender como el film más personal de toda su carrera.

Es imposible no emparentar la historia que nos cuenta, por mucho que esté basada en la de un personaje real, con la del propio Miyazaki. Un soñador, fumador compulsivo, obsesionado por la aviación pero sobretodo por ir más allá, por superarse, por conseguir la creación más bella y perfecta posible.
"Kaze tachinu" es la película de Ghibli que aburrirá a nuestros hijos (y quizás a alguno de nosotros), de las pocas del catálogo del estudio que no querrán ver. Pero también el testimonio de un creador inquebrantable.

La película sigue la vida de Jiro Horikoshi, desde que siendo un niño fascinado por los aviones pasa los ratos estudiando para ser ingeniero, mientras sueña con encontrarse con Giovanni Caproni, el ingeniero aeronáutico italiano más famoso del primer cuarto del siglo XX.
Le acompañamos mientras se traslada a Tokyo, donde además de estudiar en la universidad, ayuda a una joven en el gran terremoto de Kanto.
Y le seguimos cuando comienza sus prácticas en Mitsubishi, la compañía para la que diseñaría aviones, ganándose el reconocimiento de todos, mientras en su vida personal se reencuentra con aquella joven niña a la que ayudó, ahora una mujer de la que se enamora perdidamente.

"Kaze Tachinu" es seguramente el film más pensado en el público adulto que haya producido Ghibli. Tanto la historia, como el contexto histórico de la película, como su narrativa, lenta, repetitiva, reflejando la obsesión del protagonista, hará salir corriendo a cualquier crío. Esta es sin embargo como decía probablemente de las películas más interesantes de Miyazaki -y eso es mucho decir- por ese mensaje desde la experiencia de la vida de un creador, un visionario, y también de la lectura entre líneas que nos puede emparejar al director y al protagonista de la película.

Bien entrada la película, en el grueso del film que nos situa ya en la versión adulta del personaje, vemos a Horikoshi fumando cigarrillo tras cigarrillo -hacía tiempo que no veía fumar tanto en una película moderna-, discutiendo con sus compañeros ingenieros sobre si es mejor añadir al fuselaje tornillos de cabeza plana o remaches, si tal engranaje funcionaría mejor en el alerón, si tal motor alemán es una bestia a la que han de estudiar como sea. En definitiva: casi un documental del día a día de un loco de la ingeniería aeronáutica, de su búsqueda de la innovación, dentro de un momento mundial de avance tecnológico..
Se puede ver como un aburrimiento de tomo y lomo -dudo que a la mayoría del público le interesen los misterios de la aeronáutica de los años 30-, o se puede ver como el reflejo de la obsesión, de la pasión por el trabajo por encima de todo, ya sea del amor, de la familia y de la vida.

No quiero decir con todo eso que la película no se sienta Ghibli: más allá del obvio diseño de personajes y escenarios, además de esa música de Joe Hisaishi, es especialmente en las escenas de las ensoñaciones del joven o adulto Jiro, con la imaginación desbordando la pantalla como tantas veces hemos visto, o en los momentos de complicidad entre Jiro y su amada Naoko, cuando la película desborda esas emociones tan recurrentes en la filmografía del estudio.

 Dentro del mensaje triste y melancólico que guarda la película, el de las oportunidades irremediablemente perdidas a lo largo de la vida, en este caso el disfrute de la vida personal a cambio de la excelencia en el objetivo del protagonista, se repite como un aviso a navegantes el poema que da título a la película, y que conecta por primera vez a Jiro y Naoko: "El viento se levanta... hay que tratar de vivir". 
El mensaje puede ser vitalista, pero a diferencia de otras veces, desde un tono sombrío, algo que se podría relacionar con el Japón post-Tohoku.

Parte integral de la construcción del personaje protagonista lo tiene su voz: Hideaki Anno (el mismísimo creador y director de Neon Genesis Evangelion) hace un trabajo sensacional dando un añadido melancólico, casi trágico, con su tono de voz. No es que Anno no haya tenido experiencia como actor, ha tenido varios pequeños papeles en producciones de lo más variado, pero nada remotamente parecido en la escala de importancia con poner voz al personaje protagonista de un film de Miyazaki. 

La banda sonora juega de nuevo un papel capital en el desborde de emociones: Joe Hisaishi vuelve a poner la partitura, con un precioso y triste tema central (que se traduciría por "Viaje") que se repite una y otra vez con diferentes versiones en cada etapa del protagonista.
Además la película contiene algunas composiciones que nos sitúan en la época, sobretodo canciones alemanas de los años 30, y un emocionante tema para los créditos finales compuesto por la cantante Yumi Matsutoya, que curiosamente anunciaba en los años 80 los coches Mitsubishi.
Quiero destacar que por alguna razón el sonido de la película (incluyendo los efectos de sonido de los aviones, que parecen hechos por personas con la boca, nada de grabaciones de motores y demás) no está mezclado como sonido envolvente.

El sentimiento antibelicista que le ha ganado algunas calificaciones de "antipatriótico" a Miyazaki en Japón, está claramente implícito en varios puntos del film, desde el punto de vista del protagonista: el diseñador de los "Zero", los aviones de combate japoneses de la segunda guerra mundial, no busca en absoluto el crear un arma de destrucción.

Si esta es realmente la despedida, Hayao Miyazaki se nos va con una obra maestra llena de tristeza y melancolía, un "Ganbare!!" con lágrimas en los ojos. 
Esperemos que se lo repiense.

9,5 de 10

martes, 29 de octubre de 2013

SITGES 2013: Shield of Straw


 "Shield of Straw" es una de las dos últimas películas de Takashi Miike que podían verse en el Festival de Sitges, y a priori la más floja de las dos. Vapuleada por la crítica en el festival de Cannes, aplaudida por el público de Sitges, esta versión japonesa y moderna de "Ruta Suicida" es un entretenimiento para todos los públicos, que nada tiene del característico estilo del director de Osaka, un director hasta el momento capaz de darle a todos sus film, por muy estereotipados que pudieran ser, un dinamismo visual, una gran intensidad, muchos matices y algún que otro toque de excentricidad.

Si nos disponemos a ver un simple divertimento, un film de acción que podría haber sido dirigido por cualquier otro director, podemos disfrutar de este film convencional, con una dirección elegante, eso sí, poco personal y nada estimulante; de este thriller de acción policiaco comercial, lo suficientemente entretenido para obviar sus errores de guion, su falta de complejidad psicológica, y su poco carisma y energía actoral. 

Un anciano multimillonario, tras ver como su nieta pequeña es violada y asesinada, pone una recompensa a la cabeza del criminal culpable, dado a la fuga. Este criminal, después de casi ser asesinado por un ex compañero de celda por la recompensa millonaria, se entrega a la policía de Fukuoka. 
Una unidad de élite de la policía tendrá que escoltarlo cruzando el país hasta Tokio para ser juzgado. Serán las 48 horas más difíciles de sus vidas, y es que se deberán enfrentar a gente de a pie, policías, y a sí mismos para salvar a una "escoria".

Aunque la historia tiene un concepto apetecible para un thriller complejo, jugando como la moral humana, el deber policial, la venganza, el honor, la lealtad, la corrupción... se trata todo ello de una manera muy simplista. Ya sea por la obra original, ya que la película se basa en la novela "Wara no Tate" de Kazuhiro Kiuchi, o por el guión en sí firmado por un tipo de prerstigio como Tamio Hayashi (Usagi Drop, Fish Story), este film no los aborda y elude profundizar seriamente en ellos; una verdadera lástima ya que estos temas, y los interrogantes sobre el bien y el mal están presentes y profundizándolos, hubieran dado posiblemente una película de acción mucho más consistente, oscura, intensa, inteligente y compleja.

Aunque es verdad que es frustrante pensar en el tiempo desperdiciado y en el potencial desaprovechado, sobre todo al esperar algo más al tratarse de un film de Takashi Miike, es verdad que "Shield of Straw" es un film agradable y fácil de ver, lo suficientemente interesante y entretenido.


La falta de carisma y sobretodo energía en el apartado actoral es uno de los puntos más negativos de este film, ayudados por un guion y unos personajes llenos de clichés, que encima no profundizan en sus elementos más complejos psicológicamente, que son los que nos darían mayor interés y afinidad por ellos. Se limita a repetir hasta la saciedad y constantemente la duda acerca de arriesgar sus vidas para proteger a una "escoria humana", sin ser necesario repetir con tanta frecuencia el tema, y si adentrarse más en sus personalidades, vidas y pasados.

La pareja de policías protagonistas interpretados por Takao Osawa (Jin) y Nanako Matsushima (The Ring) son extremadamente fríos, mientras que Tatsuya Fujiwara (Death Note) es un villano completamente sin matices. No solo es que sus personajes esten mal caracterizados y profundizados, es que no saben o pueden darles algo de personalidad propia a sus personajes, incluso llegas a echar en falta en sus interpretaciones ese histrionismo y sobreactuación de alguas películas de Miike,  y a veces del cine japonés en general. 

A pesar de su apersonalidad y falta de intensidad en general, "Shield of Straw" funciona como correcto y "familiar" thriller de acción. Si no buscamos más que pasar una entretenida tarde de domingo esta es nuestra película; si queremos ver a Miike en su esplendor, o algo con mayor energía y complejidad, mejor ponernos "Lessons of the Devil", el otro film del director que pasó por Sitges.

Puntuación 5/10

jueves, 17 de octubre de 2013

Sitges 2013: Why don´t you play in hell?

Tras dos dramas llenos de emoción, "Himizu" y "Land of Hope", Sion Sono vuelve con uno de sus trabajos más gamberros, todo un homenaje nostálgico al cine, y en especial a las películas de yakuzas de los años 70, eso si,  unido a la comedia más loca y los espectáculos splatter de las cintas de Sushi Typhoon, en una historia que es puro despiporre. Sin dudad esta es su película más divertida (por lo menos de lo que hemos podido ver en su era post-Suicide club), y más loca -lo del kung-fu pantsu shot de "Love Exposure" se queda en anécdota al lado de este festival-, manteniendo su sello inconfundible.

La guerra entre dos clanes yakuza termina con la mujer de uno de los jefes en la cárcel tras terminar a cuchillazos con varios secuaces enemigos, y con el otro jefe muerto. El nuevo líder del otro clan propone a su rival una tregua, que dura más de diez años.
Cuando la esposa encarcelada del jefe yakuza está a punto de cumplir condena y salir, este se encuentra entre la espada y la pared: durante los últimos meses le dijo a su esposa que su hija, un joven talento que perdió sus contratos publicitarios tras la encarcelación de la madre, estaba rodando una película como protagonista. Ahora deberá encontrar un equipo de rodaje para cumplir lo dicho, y también a su propia hija, que se ha escapado con su nuevo novio.

 
Homenaje y a la vez parodia: "Why don´t you play in hell?" es una loquísima comedia cargada de referencias al cine Yakuza de los 70, para nada escondidas desde la fanfarria inicial de "Battles without honor and humanity" o la mención a los grandes actores del género como Ken Takakura o Bunta Sugawara, que se mueve entre la burla al jingi, el código ético, o las actitudes y vestimentas de los mafiosos, y la reverencia al cine (y a los cines) de la época.
La película sigue por un lado a esa guerra yakuza, y por otro a un grupo de chalados cineastas, encabezado por un megalómano director de medio pelo, que siguen esperando desde sus días de adolescencia en que grababan peleas callejeras en Super 8, su oportunidad para rodar un gran proyecto. Por supuesto el destino les une a ese jefe yakuza necesitado de alguien que sepa rodar, y a partir de ahí el caos se multiplica.

Los acontecimientos nos llevan de situación ridícula a situación más ridícula como una bola de nieve cayendo por la montaña, y el ritmo de la película va subiendo de manera exponencial acompañado con esos ritmos repetitivos a los que nos tiene acostumbrados Sono. Eso hasta que nos adentra en el rush final, un festival sangriento de brazos cortados y cabezas volantes, rodado como puro cartoon.

El homenaje al cine yakuza no se queda en las referencias de la película y el puro jitsuroku  (ese cine yakuza de los 70 rodado con el mayor realismo posible) de la historia, sino que Sono pone de su parte en la dirección, imitando el estilo de los Fukasaku o Nakajima, con esos encuadres en que todo el clan está perfectamente situado en su posición, o el montaje en que cambiamos de secuencia de manera lateral, por no hablar de las secuencias de acción.

 
En la parte del reparto hay tres sorpresas muy agradables. Además de los siempre sensacionales Jun Kunimura y Shinichi Tsutsumi como jefes yakuza, dos actores imponentes perfectamente elegidos para sus papeles respectivos (Kunimura es un tipo duro, un yakuza sin remordimientos; Tsutsumi un tipo peculiar obsesionado por que su gente vista ropa japonesa y obsesionado con la hija de su rival),  nos encontramos con una Fumi Nikaido espectacular, derrochando carisma y sensualidad como nunca. Su personaje es una niñata malcarada que rápidamente nos gana con su estilo macarra.

La segunda sorpresa viene de parte de Hiroki Hasegawa, que interpreta de manera sensacional al megalómano director de cine de tres al cuarto. Los que le hemos visto en J-dramas como "Kaseifu no Mita" ya sabemos de su tendencia al exceso expresivo; teniendo en cuenta que su personaje es puro derroche, exageración, la elección de casting es perfecta y Hasegawa se lleva de largo los momentos más divertidos de la película... por lo menos hasta la sorpresa número tres: un recuperado Tak Sakaguchi en el papel de su vida, literalmente, ya que interpreta a un adolescente pandillero que es reclutado por el chalado director. 
Ver a Tak Sakaguchi enfundado en un mono amarillo calcado al de Bruce Lee, y golpeando a diestro y siniestro con sus nunchakus, no tiene precio.

 
En resumen, no creo que la película vaya a decepcionar demasiado a los seguidores del lado más salvaje de Sion Sono, aunque no busque las cargas de profundidad de algunos de sus otros títulos. Esto es pura diversión y homenaje con un tono mucho más ligero, podríamos decir que es la mejor película de Sushi Typhoon sin pertenecer al ya desaparecido sello de la Nikkatsu.

Preparad las palomitas, porque la diversión está asegurada. Y también un chubasquero para las salpicaduras de sangre.  

8,5 de 10

martes, 15 de octubre de 2013

Sitges 2013: Space Pirate: Captain Harlock 3D

Para mi la película más esperada del Festival de Sitges era "Space Pirate: Captain Harlock", la reinvención del clásico del anime de Leiji Matsumoto y por tanto del mítico personaje en un nuevo film, realizado esta vez por Shinji Aramaki ("Appleseed"). 
Una actualización de este universo que no ha dejado indiferente a los fans y no fans, para bien y para mal, y que para quien escribe ha sido todo un espectáculo épico y emocionante. Una alucinante space opera, técnicamente perfecta y con un ambicioso guión. 

Año 2977: la humanidad está dispersa por toda la galaxia, con 500 mil millones de humanos repartidos por toda ella. Con los recursos agotándose, se inicia un movimiento para volver a la tierra, generándose una guerra llamada "La Guerra del retorno al hogar". Para acabar con el conflicto, se creó un órgano de gobierno denominado Coalición Gaia, restableciendo el orden, y declarando la Tierra como "santuario eterno" a la cual no se permite entrar a nadie declarándola fuera de los límites permitidos. 

Un proscrito aparentemente inmortal, el Capitán Harlock comandante de la mítica nave espacial Arcadia, lleva recorriendo la galaxia durante los últimos 100 años oponiéndose a la Coalición y saqueando sus naves, convirtiéndose pronto en el enemigo más buscado. 
Harlock y su tripulación van en busca de nuevos reclutas a un planeta medio abandonado, y allí eligen a un joven llamado Yama, que es en realidad un agente de Gaia infiltrado, y en concreto el hermano de un almirante de la Coalición. Una vez que se gana la confianza y el respeto de los piratas espaciales, empezará a entrar en conflicto ya que Harlock, que sabe que es un espía Gaia enviado para matarlo, intentará mostrar a Yama quien en realidad es su enemigo, su "verdadero opresor".
Shinji Aramaki, cogiendo quizás como referente la nueva saga de "Star Trek", reinicia el universo de culto de Leiji Matsumoto para adaptarla a los nuevos tiempos, sin (en mi opinión) traicionar el espíritu de la obra original, una space opera de aventuras de contexto antifascista y naturalista con temas como la libertad, el honor, la lealtad y camaraderia, o el destino.

La historia está acompañada por un sólido grupo de personajes con conflictos dramáticos y traumatizados por su pasado, a destacar Yama quien se convierte en el verdadero protagonista de la historia dejando un poco a la sombra al Capitan Harlock. A pesar de tener un papel quizá más secundario de lo que quisieramos, el icónico personaje tiene sus momentos de lucimiento memorables, y es quien con su fuerte personalidad y decisiones, dirige el desarrollo de la historia y de los demás personajes. 
Harlock y Yama comparten no solo nave e ideales, sino dolor, sufrimiento y culpa. En un determinado momento de sus vidas, por su ímpetu, ira e incluso por seguir sus ideales, destruyen sus vidas, se autodestruyen causando dolor a sus seres más cercanos, dándole un tono muy oscuro a sus personajes y a la historia, convirtiéndose en antiheroes e incluso en villanos para ciertos ojos. 

El particular estilo de Leiji Matsumoto se transforma en una más fría animación realizada por completo en CGI, que incorpora elementos de captura de movimiento para mejorar la expresividad facial y el movimiento de los cuerpos. 
Pero a pesar de los esfuerzos técnicos, y aunque se logre un grupo de personajes que se ven casi humanos por sus numerosos detalles, y unos movimientos muy fluidos, este siempre ha sido el gran "pero" de la  animación realizada por ordenador, su menor expresividad y por tanto menor emotividad en la historia, que se contrasta con su gran espectacularidad en las escenas espaciales y de acción, incrementada en esta ocasión con un 3D impresionante, ya no solo en cuanto a efectos sino también en profundidad. 

El ritmo vertiginoso que le da Shinji Aramaki a las escenas de acción, el gran detalle que se le da a la producción y la banda sonora grandilocuente, hacen en conjunto que este film, con un pulido apartado técnico, tenga una animación soberbia y muy viva.
Añadimos a ese cuidado en la producción ese duelo en las voces, con dos actores extremadamente conocidos como Shun Oguri (Woodsman and the rain) dando voz a Harlock y Haruma Miura (Crows 2) al nuevo personaje Yama, además de Yu Aoi poniéndo su voz a la etérea Miime.

El universo que Leiji Matsumoto ha creado en estos años alrededor de Harlock ha contado con numerosas actualizaciones y versiones, convirtiéndolo en un personaje inmortal; "Space Pirate: Captain Harlock" es una más, una espectacular y muy de lo más molona.

Puntuación 8/10

lunes, 14 de octubre de 2013

Sitges 2013: Jellyfish Eyes

 
Este año hemos empezado el Festival de Sitges con una película que nos hacía especialmente ilusión ver, "Jellyfish Eyes" donde el popular artista Takashi Murakami, el creador del "Superflat" (término que él mismo acuñó para definir un movimiento de arte postmoderno influenciado por la cultura pop japonesa como el anime y el manga), hace su debut en la dirección con la ayuda ni más ni menos que Yoshihiro Nishimura (que coguioniza, coproduce y seencarga del montaje) y Jun Tsugita (como otro coguionista), y lo hace con una película muy personal, un film juvenil que mezcla imagen real con personajes animados en CGI, y que sirve con una introducción y una ramificación de su obra. 

La película cuenta la historia de Masashi, un joven que recién salido junto a su madre de un refugio para las victimas del desastre de Tohoku, se muda a una pueblo misterioso donde los niños luchan con sus extrañas mascotas (muy al estilo de la obra de Murakami) llamada F.R.I.E.N.D.S. 
Masashi también encuentra a un F.R.I.E.N.D. al que llama Kurage-bo (Medusa), con el cual desarrolla una conexión especial. Sin ellos saberlo, estas mascotas son parte de un complot para convertir los pensamientos y sentimientos oscuros de los jóvenes, desarrollados por las inquietudes y problemas personales y de la edad, en energía negativa que liberará a un super-monstruo destructivo al que solo podrán detener estos jóvenes y sus F.R.I.E.N.D.S., si dejan al lado las disputas y adversidades y se unen. 

"Jellyfish Eyes" bebe del arte de Murakami y por tanto también de muchas referencias populares, desde los Kaiju Eiga y el Tokusatsu más infantil (Gamera, Ultraman, Kamen Rider, ...), hasta la saga Pokemon, pasando por su particular Totoro, los videojuegos de lucha, o incluso el cuento de culto "Donde Viven los Monstruos" de Maurice Sendak, para contarnos una película de superación y crecimiento, donde se tocan temas como la soledad, la pérdida y sobretodo la amistad, y en menor medida el bullying, el maltrato, la religión y el miedo a la radiación y consecuencias del desastre nuclear, a los desastres naturales y al no futuro. 

La dirección de Murakami es correcta, sin altibajos aunque si con algunos fallos muy de amateur, que destaca en la integracion de imagen real con los efectos especiales realizados mayoritariamente en 3D, entre los actores protagonistas y los adorables monstruitos.
Por otro lado la muy destacable banda sonora corre a cargo de Lz de Livetune, y no falta un tema principal por Hatsune Miku.
En la parte actoral nos encontramos con entre otros el cantante, modelo y actor Takumi Saito (Ace Attorney, Yamato), el omnipresente Shota Sometani (Himizu, Real), Masataka Kubota (13 Asesinos) y el niño actor Takuto Sueoka (Arakawa Under the Bridge). Destacan mucho más el papel de los crios, los auténticos protagonistas, por delante de los "adultos" del film, en especial Kubota y sus escuadra del mal, que parecen sacados de cualquier franquicia Tokusatsu.

"Jellyfish Eyes" es un divertimento para los mas jóvenes, que podremos disfrutar si conseguimos adentrarnos en la película y obviar los fallos que los tiene y no son pocos, sabiendo que nos encontramos con una película infantil con ese toque que pone Murakami. 
Si lo hacemos, disfrutaremos de los correctísimos efectos especiales, el fantástico mundo (y criaturas) que el artista nos presenta, y de la tierna y conmovedora historia. Una historia llena de matices si los buscamos, y no solo sobre la angustiosa adolescencia llena de conflictos emocionales, sino también sobre las consecuencias del  terremoto y tsumani de Japón y la situación del país post-Fukushima. 

Puntuación 6/10

viernes, 19 de julio de 2013

Key of life.


Lo más seguro es que el nombre de Kenji Uchida no os suene en absoluto: lo mismo podría ser el nombre de un mangaka, que el de un jugador de béisbol, que simplemente la fusión de nombre y apellido de origen japonés de lo más común. 
Sin embargo Kenji Uchida es uno de los directores nipones que, a pesar de contar solo con tres películas estrenadas en los últimos ocho años, más alegría nos produce reencontrar.
Sus tres películas, “A stranger of mine”, “After School” y esta “Key of life”, un poco al estilo de comedias locas -aunque no tan locas- de Koki Mitani, constan de poquitos personajes que entrecruzan sus destinos, dando lugar a situaciones divertidas a través de los equívocos a los que les llevan sus personalidades.

El director vuelve a acertar en el centro de la diana repitiendo su esquema habitual en su nuevo film, estrenado el año pasado, en el que, con un trío protagonista de mayor renombre que los de sus anteriores trabajos, consiguió un buen resultado en taquilla además de llevarse algunos premios por el camino, dos de ellos para su excelente guión. 
Esta es pues otra comedia de enredo en la que tomar con buen sentido del humor el carácter japonés, a través de tres personajes muy diferentes que cruzarán sus caminos de la manera más inesperada.

Sakurai, un aspirante a actor sin suerte, intenta suicidarse en casa, pero la cosa sale mal y no lo consigue. Frustrado, decide irse a un baño público. Allí presencia como otro de los clientes del local, del que se fijó que parecía bastante rico mientras guardaba su ropa, resbala con una pastilla de jabón, dándose un buen golpe que le hace perder el conocimiento.
Mientras las asistencias se llevan al accidentado, Sakurai le cambia la llave del casillero; cuando lo abre descubre, además de un buen traje, que la cartera esta llena de dinero, además de las llaves de un coche aparcado en la puerta. 
Por otro lado Kondo, un frío asesino a sueldo, se dirige a deshacerse del cuerpo de su última víctima , que lleva en el maletero, pero en pleno atasco descubre que se ha manchado de sangre. Así se dirige a un baño público, donde, después de guardar su ropa, resbala con una pastilla de jabón, dándose un golpe que le deja primero inconsciente, y luego amnésico.
A la salida del hospital cruza su camino con Mizushima, una diligente redactora jefe de una revista, que lleva una vida milimetrada. En busca de un hombre con el que casarse en la fecha que se ha autoimpuesto, percibe en el aturdido  Kondo un posible candidato a marido, con lo que le ayuda a encontrar la dirección que busca.

...y ahí tenéis la confusión de identidades, el actor desgraciado encuentra una opción de saldar deudas, aunque poco le durará la alegría, y el asesino a sueldo se comenzará a amoldar a su nueva vida, a la que le va cogiendo el gusto aunque muchas cosas no le cuadren. 
Kenji Uchida vuelve a partir de un guión excelente, que combina la comedia de situación en un puzzle que desbarata en los primeros minutos, para ir uniendo las piezas según avanza el metraje. Al final como siempre todas las piezas le encajan perfectamente, dejando dos horas de comedia fina, de la de dejarnos una sonrisa durante unas cuantas horas, con un cierto mensaje en su fábula.

Como decía al principio esta vez cuenta con un trío de actores de más renombre que los de sus dos anteriores trabajos, y aunque repite con Masato Sakai (Golden Slumber) en un casting estupendo como el actor desdichado, Uchida cuenta con Ryoko Hirosue (Despedidas) como la centradísima mujer que se autoimpone una fecha para casarse, y el gran Teruyuki Kagawa, espléndido en su casi doble papel, el de el asesino implacable reconvertido en tímido actor desorientado. 
El trío protagonista sabe sacar jugo a sus personajes, acertando con el tono en todo momento. En los poquitos papeles secundarios nos encontramos con el siempre gracioso YosiYosi Arakawa (Kamikaze Girls), como un jefe mafioso, y Yoko Moriguchi (Rebirth), como la ex-amante de la víctima de Kondo, el asesino.

A nivel de dirección la película no solo cumple de sobras, sino que Uchida acierta al buscar algunas maneras divertidas o poco convencionales en la planificación de escenas, añadiendo humor ya no solo por lo que sucede, sino también por como lo vemos.

Ïgual que sus dos anteriores trabajos, “Key of life” seguramente volverá a pasar desapercibida entre la marea de estrenos de directores de renombre, pero desde luego recomendamos que la busquéis si lo que queréis es pasar un par de horas de lo más divertidas.

8´5 de 10

martes, 16 de julio de 2013

Akira, 25 aniversario de su estreno en Japón.


“Neo-Tokyo está a punto de E-X-P-L-O-T-A-R”. Ese era el eslogan del poster, en el que un chaval con una especie de lanzamisiles futurista enorme aparecía por delante de una metropolis. Tras verlo en una revista de cine allá por 1992, sabía que tenía que ver ese film, y la película (que había pasado por el Festival de Sitges del año anterior) no tardaría mucho en llegar hasta el cine de mi barrio en el mes de Julio.
No es que tenga una gran memoria (más bien lo contrario), sino que gracias a la hemeroteca virtual de La Vanguardia he podido averiguar la fecha concreta en que vi “Akira”: el 17 de Julio de 1992, una semana antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona y casi cuatro años justos después de su estreno original en Japón. La sesión fue muy especial, mi cerebro quedó frito y seguramente fue algo parecido a lo que debieron sentir los espectadores en el estreno de “2001” de Kubrick. No había visto nada igual a aquel festival de luces, explosiones y sci-fi metafísica.

Hoy, 16 de Julio de 2013, se cumple el 25 aniversario del estreno en Japón de “Akira”, el 16 de Julio de 1988, sin mucha discusión no solo uno de los títulos más influyentes del mundo de la animación, sino posiblemente del cine moderno. Katsuhiro Otomo adaptaba a la gran pantalla su propio manga, por entonces aún inacabado, sintetizando esas más de 2000 páginas de su obra en las dos horas de animación más electrizante que se hubieran visto hasta el momento.

Un auténtico cóctel molotov de animación hiperrealista, lleno de ciencia ficción metafísica, bandas de moteros, un gobierno opresivo y lleno de secretos, drogas, acción explosiva (todo lo que puede explotar, efectivamente explota), y dos personajes, Kaneda y Tetsuo, destinados a enfrentarse.

La película comienza situándonos 38 años después de la tercera guerra mundial, mostrándonos la explosión que arrasó Tokyo, que sirvió como espoleta del conflicto. Las siguientes imágenes nos llevan a una pelea entre dos bandas de moteros, la liderada por Kaneda y la de los Payasos, en un Neo-Tokyo hipermoderno pero por lo que podemos comprobar de sociedad polarizada, en que la pobreza está en las calles. Tetsuo, el amigo de la infancia de Kaneda, siempre a su sombra, choca contra un extraño crío de pinta envejecida y piel azulada. El ejército, que aparece antes de que se den cuenta, se lleva tanto a ese crío como a Tetsuo, que quedará cambiado para siempre.
A partir de ahí descubriremos como un grupo revolucionario, con los que se aliará Kaneda en busca de su amigo, intenta indagar en los experimentos que realizó el gobierno, llevándonos a una aventura de proporciones épicas.

Las diferencias con el manga son muchas, algo lógico por tener que sintetizar esas más de 2000 páginas en las que no paran de pasar cosas, en apenas dos horas. Otomo optó por, primero, aligerar acontecimientos cambiando las situaciones, inventando un comienzo muy dinámico, en el que en apenas diez minutos ya nos ha puesto más que en situación, y utilizando algunos elementos que aparece en un contexto, en otras escenas. Para tratarse de todo un encaje de bolillos la película resulta una especie de versión ligera (en volumen) del manga, que termina encajando bastante bien.
Segundo, recortando personajes: el coronel adquiere un papel mucho más unidimensional, apenas aparece el líder de la banda de los payasos, o sobretodo a la líder de la secta Lady Miyako, que en el manga tiene un papel crucial. A otros simplemente los elimina completamente.

Y es que las diferencias son muchas, pero la esencia es la misma, o por lo menos muy parecida, dejando quizás algo más desconcertado al espectador que al lector. El primer visionado de la película es seguramente menos claro que una primera lectura del manga, comenzando porque –SPOILER- Akira apenas aparece físicamente a pesar de estar constantemente en boca de los personajes, convirtiéndose casi en el “Rosebud” del mundo del anime. La historia se mantiene en esa creación de un superhombre, esa búsqueda de la evolución humana, algo que termina por supuesto –SPOILER OTRA VEZ- con la destrucción total de individuo.

Además de ese aspecto metafísico de la historia, no es solo fascinante el uso de la tecnología y su actitud cyberpunk, sino también de los poderes sobrehumanos que despiertan en Tetsuo; cuando se estrenó el film comercialmente en España, en 1992, ya habíamos visto “Dragon Ball” y las ondas de poder, pero esto era desde luego otra cosa: aquí la destrucción era masiva y las muertes más sangrientas todavía. Es como si Tetsuo fuera un guerrero Super Saiyan para mayores de 18 años.

25 años después de su estreno “Akira” se ha convertido en una obra atemporal, que mantiene toda su fuerza y creatividad, que sigue presentándose adelantada a su tiempo. Visualmente sigue siendo un prodigio, todo el cuidado que puso Otomo en las técnicas usadas en la producción de la película sigue pagando réditos, y su imaginario se ha convertido en icónico: esas explosiones atómicas que luego han sido copiadas mil veces; las estelas de las luces de las motos, casi como si fueran las de Tron; Kaneda y Tetsuo gritandose los nombres, disparando el láser; la moto de Kaneda, la primera transformación de Tetsuo, con su brazo ciborg; su segunda transformación, gigantesca masa de carne y cables y hormigón, y todo lo que hay a su alrededor.

“Akira” abrió el camino al anime en occidente, marcando a toda una generación con historias sin concesiones que desde luego no eran para niños. Probablemente su papel fue clave en que dejáramos de hablar de “dibujos animados” y hacerlo de “animación”, como si le llegara la edad adulta a un género que parecía hasta entonces destinado casi por completo a los más pequeños.

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